La reciente decisión del Departamento de Justicia de reclasificar la marihuana como una sustancia de menor riesgo es nada menos que revolucionaria. Esta regla propuesta, enviada al registro federal, reconoce los beneficios médicos del cannabis y reconoce su menor potencial de abuso en comparación con algunas de las sustancias más peligrosas del país. Sin embargo, mientras celebramos este paso monumental, debemos examinar su impacto en la comunidad negra, que ha sido castigada desproporcionadamente por leyes extremas sobre la marihuana durante décadas.

La aprobación de este plan por parte del Fiscal General Merrick Garland no significa que la marihuana sea legal para uso recreativo. En cambio, desplaza el cannabis de la Lista I (donde injustamente se ubica junto a la heroína y el LSD) a la Lista III, uniéndose a sustancias como la ketamina y ciertos esteroides. Esta reclasificación surge de una recomendación del Departamento de Salud y Servicios Humanos federal, impulsada por el llamado del presidente Joe Biden a una revisión integral en 2022. Pero a medida que analizamos este desarrollo, profundicemos en lo que significa para los más afectados por la guerra en drogas.

El presidente Biden, en una poderosa declaración en video, calificó esta medida de “monumental” y un paso crucial hacia la corrección de injusticias históricas. «Demasiadas vidas han sido trastornadas debido a un enfoque fallido hacia la marihuana», dijo. “Estoy comprometido a corregir esos errores. Tienes mi palabra.» Esta declaración, particularmente en un año electoral, podría rejuvenecer el apoyo a Biden entre los votantes más jóvenes. Sin embargo, debemos preguntarnos: ¿este cambio realmente abordará las desigualdades sistémicas que han afectado a las comunidades negras?

Las disparidades raciales en los arrestos por marihuana son asombrosas. Las personas de raza negra tienen casi cuatro veces más probabilidades de ser arrestadas por posesión de marihuana que sus homólogos blancos, a pesar de tasas de uso similares. Esto ha tenido consecuencias devastadoras, destrozando familias y perpetuando ciclos de pobreza y privación de derechos. La guerra contra las drogas, iniciada en la década de 1970, ha impactado de manera desproporcionada a las comunidades negras y latinas, con duras leyes de sentencias y tácticas policiales agresivas que han llevado al encarcelamiento masivo. La reclasificación de la marihuana de la Lista I a la Lista III es un paso para abordar estas injusticias, pero debe traducirse en acciones significativas.

Flexibilizar las regulaciones federales sobre la marihuana podría transformar la industria, cuyo valor se estima en casi 30 mil millones de dólares. Esta medida podría reducir las excesivas cargas fiscales (que a veces superan el 70%) a las que se enfrentan las empresas de marihuana. También podría abrir puertas a la investigación al facilitar la realización de estudios clínicos autorizados sobre el cannabis. Pero en medio de estas oportunidades económicas, debemos asegurarnos de que las comunidades negras, que han sido desproporcionadamente atacadas y marginadas, no queden atrás.

Los empresarios negros enfrentan barreras importantes para ingresar al mercado legal de la marihuana, incluido el acceso limitado al capital y la discriminación sistémica. Para garantizar que las comunidades negras se beneficien de las oportunidades económicas creadas por la reclasificación, los esfuerzos específicos deben apoyar a las empresas propiedad de minorías y promover la diversidad dentro de la industria. Esto significa crear un acceso equitativo a las licencias, brindar asistencia financiera y garantizar que los beneficios de la legalización se compartan ampliamente.

La reclasificación por sí sola no es suficiente para rectificar los daños causados ​​por décadas de políticas punitivas sobre drogas. Se necesitan medidas integrales de justicia social para abordar los impactos duraderos en las comunidades negras. Eliminar condenas pasadas por delitos relacionados con la marihuana es un paso crucial. Miles de personas, predominantemente negras y morenas, continúan sufriendo las consecuencias de sus antecedentes penales, lo que limita sus oportunidades laborales, sus perspectivas de vivienda y su calidad de vida en general.

El presidente Biden ha dado los primeros pasos al indultar a miles de personas condenadas a nivel federal por simple posesión de marihuana. También ha pedido a los gobernadores y líderes locales que hagan lo mismo y borre las condenas a nivel estatal. Estas acciones son encomiables, pero deben ser parte de un esfuerzo más amplio para reparar el daño infligido por la guerra contra las drogas. Los programas de reinversión comunitaria son esenciales para apoyar a quienes han sido más afectados por la criminalización de la marihuana. Los fondos generados por la industria legal de la marihuana deberían destinarse a la educación, la atención médica, la vivienda y la capacitación laboral en comunidades desproporcionadamente afectadas por las políticas de lucha contra las drogas. Estas iniciativas pueden ayudar a reconstruir y empoderar a comunidades que han sido sistemáticamente oprimidas y desatendidas.

Los comentarios públicos y la participación en el proceso de elaboración de normas son vitales. El período de comentarios de 60 días después de la notificación de la reglamentación propuesta brinda una oportunidad para que individuos y organizaciones expresen sus perspectivas y aboguen por políticas que promuevan la justicia social. Es esencial responsabilizar a la DEA y otros organismos reguladores para garantizar que la reclasificación de la marihuana conduzca a mejoras tangibles en las vidas de las personas y comunidades negras.

La reclasificación de la marihuana representa un cambio significativo en la política de drogas de Estados Unidos con implicaciones de largo alcance. Ofrece la oportunidad de rectificar injusticias históricas, estimular el crecimiento económico y promover la equidad social. Sin embargo, esta oportunidad debe aprovecharse con el compromiso de adoptar medidas integrales e inclusivas que aborden las disparidades sistémicas que enfrentan las comunidades negras. En este momento crucial, debemos trabajar colectivamente para construir un futuro donde la justicia, la equidad y las oportunidades sean accesibles para todos.

Nos encontramos en una encrucijada de cambio, con el poder de corregir errores del pasado y construir un futuro más equitativo. La reclasificación de la marihuana es más que un simple cambio de política; es una declaración profunda sobre justicia y equidad. Esta medida histórica puede finalmente traer el alivio y la restitución que tanto necesitan las comunidades negras, o puede fracasar si no permanecemos vigilantes y comprometidos con un cambio real y significativo. La pregunta es: ¿aprovecharemos esta oportunidad para corregir las injusticias del pasado y construir un futuro donde la justicia, la equidad y las oportunidades sean accesibles para todos? La respuesta está en nuestra acción colectiva y dedicación inquebrantable para corregir los errores que han plagado a nuestra nación durante demasiado tiempo.

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