En resumen
- El análisis incluye a más de 9.000 participantes y se publicó en la revista Obesity Reviews.
- Por cada bebida estándar, la ingesta de proteínas y alimentos salados aumentó alrededor de siete gramos, mientras disminuyó la de alimentos dulces.
- Cada gramo de alcohol aporta unas siete kilocalorías, sin vitaminas, minerales, proteínas ni fibra.
- Los autores no midieron la hormona FGF-21 en los participantes; el vínculo con esa señal procede de estudios previos de 2016 y 2018.
- La investigación está liderada por el Charles Perkins Centre, un instituto de la Universidad de Sídney.
Un análisis de más de 9.000 participantes publicado en Obesity Reviews asocia el consumo de alcohol con unos siete gramos más de proteínas y alimentos salados por bebida estándar. El trabajo lo lidera el Charles Perkins Centre, de la Universidad de Sídney, y no midió en los participantes la hormona FGF-21 que propone como mecanismo.
¿Qué se ha encontrado exactamente?
Cada gramo de alcohol aporta alrededor de siete kilocalorías, una cifra cercana a la de las grasas, sin vitaminas, minerales, proteínas ni fibra. A esas calorías se suman, en cócteles y combinados, las de los refrescos azucarados. La hipótesis del equipo es que, en un entorno alimentario que propicia la obesidad, el alcohol eleva en sangre la FGF-21, una hormona secretada en el hígado, y que esa señal impulsa la búsqueda de proteína y de sabores umami.
En el análisis, cada bebida estándar se acompañó de un aumento de unos siete gramos en el consumo de proteínas y alimentos salados, y de un descenso del consumo de dulces. La ganancia de peso se concentró en quienes acompañaban el alcohol con lo que los autores llaman “señuelos de proteína”: alimentos salados pero pobres en proteínas, como snacks y ultraprocesados. Al no cubrir la necesidad proteica, ese patrón llevaba a un exceso de energía.
¿Se midió la hormona en los participantes?
No. Los autores no analizaron los niveles de FGF-21 en las más de 9.000 personas del estudio. El vínculo con la hormona procede de trabajos previos: uno publicado en 2018 en Molecular Metabolism, con datos de asistentes al Oktoberfest, mostró que el consumo excesivo de alcohol eleva los niveles en sangre de FGF-21; otro de 2016 en Cell Metabolism situó a esta hormona como sensor de la escasez de proteínas en la dieta. El trabajo analiza datos de población, no los resultados de un ensayo clínico como el de la vacuna de ARNm en melanoma con un 82% sin recaída a 24 meses.
¿Qué dicen los expertos consultados?
Amanda Grech, autora principal de la investigación, afirma: “Podemos decir que el alcohol provoca aumento de peso porque su consumo, al menos en un entorno alimentario obesogénico como el de Australia, nos impulsa a comer alimentos sabrosos, ultraprocesados o que diluyen las proteínas, incluidas las carnes muy grasas y procesadas”.
Diego Bellido, presidente de la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO) y jefe del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Complexo Hospitalario de Ferrol, sostiene que el trabajo comprueba si en población real aparecen los cambios alimentarios que el mecanismo predeciría y califica la hipótesis de “muy plausible”. A su juicio, el alcohol no solo aporta calorías: también puede modificar la conducta alimentaria a través de señales metabólicas.
¿Por qué importa el tipo de alimento disponible?
Ana Belén Crujeiras, directora del grupo de Epigenómica en Endocrinología y Nutrición del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago, explica que las proteínas de calidad aumentan rápido las señales de saciedad en el cerebro, mientras que los ultraprocesados salados tienen sabor umami pero no proteína, lo que dificulta alcanzar la saciedad. Un estudio suyo publicado en International Journal of Obesity observó que la FGF-21 bajaba en pacientes con obesidad tratados con una dieta cetogénica baja en calorías y estaba elevada tres meses después de una cirugía bariátrica.
¿Qué implica el hallazgo?
El trabajo describe una asociación en datos de población y no fija pautas ni dosis. Cualquier decisión sobre el consumo de alcohol corresponde a un profesional sanitario.
Preguntas frecuentes
¿Qué relación encontró el estudio entre alcohol y alimentación?
En el análisis de más de 9.000 participantes, cada bebida estándar se asoció con unos siete gramos más de proteínas y alimentos salados, y con menos alimentos dulces.
¿Se midió la hormona FGF-21 en los participantes?
No. Los autores no analizaron los niveles de FGF-21 en las personas del estudio; la relación con esa hormona se apoya en investigaciones anteriores de 2016 y 2018.
¿Quién firma la investigación y dónde se publicó?
El trabajo está liderado por el Charles Perkins Centre, de la Universidad de Sídney, y se publicó en la revista Obesity Reviews. Amanda Grech es la autora principal.
¿Qué son los “señuelos de proteína” que menciona el estudio?
Son alimentos salados pero bajos en proteínas, como snacks y ultraprocesados, que los participantes consumían con el alcohol. La ganancia de peso se concentró en quienes elegían ese tipo de acompañamiento.
Con información de feeds.elpais.com.
Imagen de referencia, no corresponde a los hechos narrados. Business Technology — Maliha Mannan / Wikimedia Commons (CC0 1.0)











