En resumen
- El estudio del ingeniero Iván Casero documenta centenares de señales de riadas históricas en ciudades de España y del resto de Europa.
- La dehesa de Tablada, con 640 hectáreas junto al Guadalquivir y cerca del centro de Sevilla, figura en el Plan General de Ordenación Urbana de 2006 como no urbanizable de especial protección por riesgo de inundación.
- La Universidad de Tohoku (Japón) detalla la llamada ‘paradoja de la seguridad’: las infraestructuras de prevención pueden generar una sensación de protección que lleva a olvidar que se habita una zona de riesgo.
- Joan Corominas, exdirector de la Agencia Andaluza del Agua, señala que con los embalses por encima del 55% de su capacidad las avenidas no se habrían podido absorber.
- Documentos del siglo XIX recogen figuras como los ‘maestros de husillos’, protocolos de desalojo y cálculos del tiempo que tardaba una crecida de Córdoba en llegar a Sevilla; antes de 1930 había instrucciones para servicios municipales.
Un estudio del ingeniero Iván Casero documenta centenares de marcas de riadas históricas en ciudades de España y Europa. El trabajo propone convertirlas en hitos, mapas y rutas de la memoria del agua para que la población reconozca el riesgo de inundación. Casero afirma que esa cultura de protección es clave ante eventos que el cambio climático hará habituales.
¿Qué es la «paradoja de la seguridad»?
Una investigación de la Universidad de Tohoku (Japón) describe ese mecanismo: el desarrollo de infraestructuras de prevención genera en la población una sensación de protección que lleva a olvidar que vive en zonas de riesgo. Algunas medidas, como los diques, pueden incluso agravar el problema en condiciones adversas, según ese trabajo.
Joan Corominas, exdirector de la Agencia Andaluza del Agua y presidente de la Fundación Nueva Cultura del Agua, ajeno al estudio, lo resume: «Hay una falsa sensación de que aquí no va a pasar nada y que tenemos una cierta protección, pero las lluvias torrenciales van a ser más frecuentes y la población no debe creer que está absolutamente a salvo».
¿Qué ha ocurrido en la dehesa de Tablada?
Pocas semanas después de las lluvias intensas del pasado invierno, los propietarios de las 640 hectáreas de la dehesa de Tablada, junto al Guadalquivir y cerca del centro de Sevilla, plantearon su urbanización con el argumento de que el terreno no se había anegado. El Plan General de Ordenación Urbana de Sevilla de 2006 califica ese espacio como «no urbanizable de especial protección» por riesgo de inundación.
¿Por qué no basta con mirar atrás?
Corominas advierte de que el margen de maniobra depende del estado de los embalses. Las precipitaciones del invierno pasado encontraron los pantanos vacíos por una sequía previa y pudieron asumir buena parte del agua. «Si los hubiéramos tenido por encima del 55%, como están ahora, no habrían podido absorber las avenidas y el caudal del río se habría duplicado y saltado las barreras de protección», señala.
Luis Babiano, gerente de la Asociación Española de Operadores Públicos de Abastecimiento y Saneamiento (AEOPAS), subraya el valor antropológico de esas señales: «Las marcas de riada no solo registran fechas y alturas, sino también una experiencia humana». Babiano alerta de la «amnesia hidrológica» y cita documentos del siglo XIX que recogen figuras como los «maestros de husillos», protocolos de desalojo y cálculos del tiempo que tardaba una crecida registrada en Córdoba en llegar a Sevilla; antes de 1930 existían instrucciones para servicios municipales. Es un conocimiento del territorio que también se aplica a otros riesgos, como la lección de la sabana contra los incendios.
¿Cómo debe usarse esa memoria?
Babiano sostiene que conocer lo ocurrido no es suficiente: «El cambio climático añade una dificultad decisiva porque las condiciones en las que aprendimos a reconocer el peligro están cambiando». Ese contexto incluye que el CO₂ marcara un récord de 426,8 ppm. Su propuesta pasa por interpretar la historia, conocer la exposición actual y preparar la toma de decisiones, una línea en la que Bruselas propone una ley para anticipar los riesgos climáticos.
Casero plantea hitos en espacios públicos de tránsito habitual y rutas por los registros de pasadas inundaciones para «concienciar diariamente a la población de la historia ligada al agua». Corominas añade que se sigue construyendo en zonas inundables: «aunque no pase hoy, podrá suceder dentro de 20 años».
Preguntas frecuentes
¿Qué son las marcas de riada?
Son señales que registran hasta dónde llegó el agua en crecidas pasadas, con fechas y alturas. El estudio de Iván Casero documenta centenares en ciudades de España y del resto de Europa.
¿Qué es la paradoja de la seguridad?
Es el mecanismo descrito por la Universidad de Tohoku por el que las infraestructuras de prevención generan una sensación de protección que lleva a olvidar que se vive en una zona de riesgo.
¿Por qué los embalses vacíos influyeron en las crecidas del invierno pasado?
Según Joan Corominas, las lluvias encontraron los pantanos vacíos por la sequía previa y pudieron absorber gran parte del agua; con niveles por encima del 55%, no habrían podido.
Con información de feeds.elpais.com.
Imagen de referencia, no corresponde a los hechos narrados. Business Technology — Maliha Mannan / Wikimedia Commons (CC0 1.0)











