En resumen
- El coprolito fue hallado en 2016 en Hell Creek (Montana, Estados Unidos) y pertenecía a un terópodo, probablemente un ejemplar joven de Tyrannosaurus rex o un Nanotyrannus.
- El estudio, liderado por Jingmai O’Connor, del Museo Field de Ciencias Naturales de Chicago, se publicó en la revista Current Biology.
- Mediante tomografía computarizada, el equipo identificó en el mismo coprolito plumas modernas y plumas primitivas.
- El Cretácico Superior abarca entre 100 y 66 millones de años atrás.
- Además de plumas y huesos, el coprolito contenía escamas que probablemente pertenecían a un pejelagarto.
Un coprolito —heces fosilizadas— hallado en 2016 en Hell Creek (Montana, Estados Unidos) conserva una pluma de un ave acuática que vivió hace unos 66 millones de años. El análisis, publicado en la revista Current Biology y liderado por Jingmai O’Connor, del Museo Field de Ciencias Naturales de Chicago, indica que entonces ya existían plumas anatómicamente modernas.
¿Qué se encontró dentro del excremento fósil?
El paleontólogo David DeMar halló el fósil en 2016 mientras examinaba el suelo de Hell Creek. Tenía el tamaño de una pelota de golf y pertenecía a un terópodo, probablemente un ejemplar joven de Tyrannosaurus rex o un Nanotyrannus. En su interior había una pluma de un ave acuática no emparentada con las aves actuales.
La tomografía computarizada mostró que el coprolito contenía también plumas primitivas. A partir de ello, el equipo infiere que el ave tenía una combinación de los dos tipos: las modernas, probablemente en las alas, y las primitivas, en el resto del cuerpo. O’Connor sostiene que esta es probablemente la única pluma del Cretácico Superior que puede analizarse en 3D; las pocas que se conservan de ese periodo suelen aparecer en ámbar y solo se estudian en dos dimensiones.
¿Por qué es una pluma excepcional?
El Cretácico Superior abarca entre 100 y 66 millones de años atrás y es un periodo del que resultan especialmente escasos los fósiles de tejidos blandos. O’Connor explica que, para que se fosilicen, el organismo debe quedar «sepultado en ambientes acuáticos sin oxígeno» que impidan la acción de carroñeros y permitan la fijación microbiana. Los restos óseos son más frecuentes: fuera de Norteamérica se ha descrito un diplodocus hallado en Teruel, el primero fuera de Norteamérica.
¿Qué relación tiene con la extinción de las aves primitivas?
El artículo señala que las plumas modernas aíslan mejor el frío que las primitivas, un rasgo que pudo ser clave para sobrevivir al «invierno de impacto», el periodo posterior al choque de un meteorito contra el planeta que, se cree, provocó un descenso global de las temperaturas. El ave del coprolito disponía de plumas apropiadas para soportar las heladas, pero en el lugar incorrecto: al tenerlas solo en las extremidades, la especie no habría estado preparada para resistir el frío. Esto puede arrojar pistas sobre por qué sobrevivieron los ancestros de las aves actuales y por qué se extinguieron otros linajes.
¿Qué cambia la tomografía en el estudio de los coprolitos?
Jesús Marugán, paleontólogo y profesor especializado en evolución de la Universidad Autónoma de Madrid, que no participó en la investigación, señala que los coprolitos se conocen desde el inicio mismo de la paleontología, pero su utilidad era reducida porque para analizarlos «tocaba romperlos». Con las tomografías computarizadas y otras tecnologías disponibles, dice, pueden observarse todos los elementos sin abrirlos: «Todo lo que tenga contraste, se va a ver». En España, el registro fósil ha aportado hallazgos como el primer diplodocus confirmado fuera de Norteamérica, en Teruel.
Para O’Connor, otro de los principales descubrimientos de su equipo es «la cantidad de información que ahora se puede obtener de los coprolitos». Marugán añade que el estudio de estos fósiles abre la puerta a analizar desde «aspectos de la dieta a la interacción trófica entre distintos organismos».
¿Qué más había en el coprolito?
Junto a las plumas y los huesos, el equipo encontró unas escamas. Por su tamaño, consideró que probablemente pertenecían a un pejelagarto. Los investigadores juzgaron poco plausible que el terópodo hubiera cazado esos peces, por ser una presa demasiado pequeña y difícil de atrapar, y apuntaron a que el pez formaba parte de la dieta de otro animal. Todas las señales apuntan a la dueña de la pluma: el pejelagarto fue comido por el ave acuática, que a su vez fue devorada por un terópodo.
Preguntas frecuentes
¿Qué es un coprolito y a quién pertenecía el de Hell Creek?
Un coprolito es un excremento fosilizado. El hallado en Hell Creek (Montana) en 2016 pertenecía a un terópodo, probablemente un ejemplar joven de Tyrannosaurus rex o un Nanotyrannus.
¿Qué demuestra el estudio publicado en Current Biology?
Indica que hace unos 66 millones de años ya existían plumas anatómicamente modernas y sugiere que su distribución en el cuerpo, limitada a las alas, pudo influir en la capacidad de las aves primitivas para resistir el frío posterior al impacto del meteorito.
¿Cómo se analizó el fósil sin romperlo?
Mediante tomografía computarizada, una técnica que permite observar todos los elementos contenidos en las heces fosilizadas sin necesidad de abrirlas.
¿Por qué es rara la pluma encontrada?
Porque los fósiles de tejidos blandos del Cretácico Superior, que abarca entre 100 y 66 millones de años atrás, son escasos. Según la investigadora Jingmai O’Connor, es probablemente la única pluma de ese periodo que puede analizarse en 3D; otras se conservan en ámbar y solo se estudian en dos dimensiones.
Con información de feeds.elpais.com.
Imagen de referencia, no corresponde a los hechos narrados. Business Technology — Maliha Mannan / Wikimedia Commons (CC0 1.0)












